Todo lo que quieras ser…

#by yudinela ortega

A propósito de Lírica Residual. Exposición personal de Montserrat Mesalles*

Estamos destinados al olvido, pero debemos persistir. AN.

No renuncies a la vida, aférrate a ella. Respira, sé parte del conflicto y de la solución. Así le aconsejó el poeta, cuando la vio caminar con el peso del metal en sus costillas. Ella respiró profundo y el manto de cobre que cubría su abdomen, se abrió en mil pedazos y se escuchó un crujido que anunciaba la salida del sol.


Montserrat Mesalles es una artista que trabaja con los tiempos, no solo los verbales, también los corpóreos. Sus esculturas presumen de ese pacto con la inmortalidad que todos anhelamos y nos es prohibitivo. Dueña de una sensibilidad innata, sus ojos ven más allá de los límites que impone la perspectiva. Tiene la capacidad de reconciliar al sujeto contemporáneo con la condición perdurable de los objetos, tan ajena a los tiempos que corren. Lírica Residual, comisariada por el curador y crítico cubano Andrés Isaac Santana, es su más reciente exposición personal y el espacio en el que cohabitan sus obras, es el Museo C.A.V. La Neomudéjar de Madrid. Un sitio en el que antaño la maquinaria definía el transcurso de los días y cuya esencia perdura hasta hoy, como en las esculturas de Mesalles, gracias a la gestión esperanzadora de quienes no creen en la obsolescencia programada.

Paralelamente al interés del reciclaje en mi trabajo, también se funde una fascinación hacia el concepto de “objeto encontrado” de Marcel Duchamp, donde el desperdicio industrial, las antigüedades o cualquier otro artefacto que haya rescatado, me funcionan para mi propia y contemporánea reinterpretación de este concepto. Soy, por decirlo de algún modo, una gran recolectora de desechos y objetos a los que luego atribuyo un nuevo estatus y otros sentidos.(1) En estas palabras se sitúa la voluntad primera de la artista a la hora de concentrar su campo de investigación en artefactos que han cumplido una labor social. Ella sale en busca de la chatarra, ocupa su tiempo no solo en postularse como una voz que critica desde la distancia, no. Lleva a cabo periplos por fábricas desmanteladas y vertederos industriales, se somete al vacío, a la herrumbre del metal, al descarte más allá de la inutilidad, porque no existe el final definitivo.

Hoy vivimos programados por una entidad divina, sí. Una que nos incita a crear las condiciones para nuestro bienestar con fecha de caducidad. La sociedad de consumo y el ritmo avasallante que la mueve, nos exige creer en lo efímero, en lo perecedero. Y peor aún, nos ciega ante el valor y la rearticulación que pueden ser otorgados al desecho aparente que desprendemos en nuestro viaje. El discurso que imprime Montserrat en sus objetos renacidos es una verdad global. Una fábula de nuevo tipo, en la que la sostenibilidad del planeta y la práctica del reciclaje son pilares fundamentales. No obstante, esta suerte de seducción por el concepto de objet trouvé, está indisolublemente ligada al tiempo y a la memoria. Ambos componen la metáfora de la re-existencia. Pasado y presente de una mujer enfocados en transmitir vibras positivas. Así lo demuestra. Cortes, ensamblajes, disposiciones espaciales e introspectivas lecturas convierten a estas entidades defenestradas en documentos testimoniales. La vocación de la artista se presenta con una sinceridad apabullante: ¡Sí existe la vida después de la muerte!

El último pinocho, una obra de 2016, se nos presenta como un gigante metálico que coloniza el espacio. Sobre su ser la injerencia ha sido minimalista y su definición se remonta a las luces arrojadas por el título, las referencias visuales y el vínculo que sea capaz de conectar el espectador con el “hijo” de Gepetto; es la metáfora de una historia explotada hasta el cansancio. El protagonista de este teatro de representaciones, posturas, aniquilamientos, traslaciones y manipulaciones, al que nos exponemos por voluntad propia y que no tiene cierre de función. El universo de los dibujos animados y los juegos es llevado de la mano por la artista a un terreno de cuestionamientos. Su dialéctica aunque apoyada en la estética de lo brutal va dirigida a resoluciones optimistas. No hay decepción o vencimiento en la teoría residual de Montserrat. ¿Quién dijo que todo estaba perdido? Al contrario. Esta exposición es una muestra de que vamos ganando. Personajes como el citado Pinocho, PacMan o su serie de Minions, todos, pintorescos y reconstituidos con materiales que escapan al aniquilamiento, son la prueba de que un objeto cualquiera, por insignificante que parezca, contiene la poesía.

Encontré dentro de una sala casi en ruinas, el residuo como documento y unas pequeñas lámparas que me contaban la historia de miles de mujeres. Amplia estadística de cuánto se nos ha envilecido y aplastado. Des-carga, 2019 es una instalación compuesta por seis cajas en las que se ilustra el rol que históricamente ha sido reservado a la mujer. Desde un estudio realizado dentro de las sociedades española y costarricense, Mesalles intenta poner en tela de juicio las aclamadas condiciones de igualdad de las que goza la mujer trabajadora. La caja de luz (a oscuras) se erige entonces en un catalizador atemporal. En la representación poco ortodoxa de una apariencia que se nos ha impuesto. Historias individuales, dialogan desde la colectividad mejor fundamentada. Allí nos encontramos, representadas en fragmentos de una cotidianidad que necesita ser trastocada. Estas cajas disimuladas, inofensivas, contienen no solo lo que representa la carga familiar o laboral en el universo femenino. Denuncian esa aparente tela blanca que se suele imponer al otro cuando le tememos. Y es que olvidar, o fingir que se olvida el daño cometido, también es recordar.

No más mierda, 2019 es una analogía directa al umbral escatológico que invisibiliza también a la mujer. Pulcro, reluciente, en su urna de cristal, en su podio intocable el atascador. De inmediato Duchamp, de inmediato la línea conectora con el padre del ready made. Pero la relevancia poética de este objeto es otra. La alusión se vuelve esperanzadora. Cómo asumir una actitud consecuente con la necesidad de apoyar causas tan básicas como el derecho a criar a un hijo y mantener un trabajo al mismo tiempo. Cuál será el número real de mujeres que se han visto ante situaciones como estas: ¿Madre o trabajadora?, ¿Mujer o artista?, ¿Nacer o morir en el intento de ser ambas?

Lírica residuales uno de los tantos acercamientos de Montserrat Mesalles al humanismo que habita en los otros. Detrás de sus reinvenciones y antropofagias industriales, habita esa intencionalidad definitiva hacia el objeto como documento y testimonio atemporal. Estos apuntes son tan solo una pequeña evidencia de cuánto se hace pero también de cuánto queda por hacer. Hoy sus esculturas exponen una verdad contextual y globalizada pero verdad al fin. Ella, la artista, la mujer y su almacén de objetos aparentemente anónimos, se multiplicarán en esculturas, intervenciones y dádivas conceptuales, que allanarán nuestro camino hacia lo que queremos ser.

*Este texto no ha visto la luz hasta hoy. Aunque Lírica Residual ha abandonado las salas de Museo C.A.V. La Neomudéjar de Madrid, he disfrutado la manera en la que se gestaron estas líneas y he descubierto la fuerza poética de las piezas de Montserrat Mesalles. Por ahora, no pido más.

(1) Declaración de Artista. Montserrat Mesalles. Lírica Residual. Museo La Neomudéjar de Madrid. Enero-Marzo, 2019.


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