13-14

#by tatiana torna

Tengo una sola foto de los dos, nos la tomamos con aquel celular verde marca ACE, de los primeros en Cuba, con una resolución pésima, todavía lo guardo como un fósil. Nos tiramos aquel prehistórico selfie con la cámara al revés y no nos hizo falta ni uno más. Hubiese sido más fácil ir a la luna que regalarte aquella foto impresa pero yo siempre he sido perseverante y lo logré. Salté todas y cada una de las barreras que me puso la señora del Photo Service y te escribí al dorso aquella frase de Arjona: “Usted aunque ausente, usted siempre se queda”, con fecha 13-14 de Febrero. Y es que los dos siempre tuvimos otra historia y portamos otra guerra, nunca pasamos juntos esos días, mis regalos cursis y longevos siempre te los daba días más tarde cuando venías a visitar a tu “Princesa”; al final terminaba leyendo mis palabras para ti, riendo me decías que no entendías mi letra cursiva y yo en vez de ofenderme me sentía la mujer más feliz del mundo, las fechas no significaban nada extraordinario para nosotros dos.

Mariano tú llegaste a mi vida en segundo lugar y en solo un instante notaste las cicatrices de aquel primer amor y las besaste tan fuerte y suave a la vez, que aun conservo todos esos besos marcados debajo de mi piel. Y te recuerdo así, todo iluminado. Puedo jurar que el mundo tembló muchas veces ante tanta felicidad, aprendí a reír contigo aunque el día no fuera el mejor y ahora te lloro, como el que se niega a olvidar, como el que teme que el tiempo le robe los recuerdos que con tanto celo atesora en su alma.

 ¿Cuántos años sin vernos? Cuatro, casi cuatro años sin comunicación alguna porque tú y la tecnología eran dos que no se llevaban nada bien. Perdí tu número y aun así te escribía al correo electrónico desconectado. Nunca, nunca te olvidé. Cuando te encontré, gracias a que alguien te ayudó con el uso y disfrute de las redes sociales, ninguno de los dos lo podíamos creer, tanto tiempo había pasado y seguíamos siendo los mismos.

 Sujetar una mano en público no siempre es sinónimo de amor, se puede amar profundamente a alguien que nadie conoce y eso era lo que tú y yo teníamos. En uno de mis viajes nos vimos y tú que no te preocupabas por nada nunca, pensaste que aquella chica de la universidad con su celular ACE podría haberse convertido en otra víctima de la Coca-Cola Americana pero mi abrazo te lo dijo todo: tú seguías siendo Mariano y yo la misma chica. Esa fue la última vez que te vi, si lo hubiera sabido te habría besado más, mucho más. Si lo hubiese imaginado, que esa sería la última vez, entonces hubiera escrito en tu dorso: Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón para salvarte.

Solo me queda seguir escribiéndote: 13-14 y que me leas cuando vuelvas a visitarme y si no entiendes mi letra, pídeme que te lea yo, sonríeme como solo tú sabes hacerlo y yo volveré a ser la mujer más feliz del mundo.

A tu memoria Mariano porque aunque ausente, siempre te quedas


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