Historias al azar: Aquella muchacha de la piscina

#by A.A

Hace casi 10 años que me fui de Cuba ¡10 años ya! Y no solo eso, sino lo rápido que ha pasado el tiempo. Me parece que fue ayer cuando me despedí de mis amigos en el aeropuerto. Lo recuerdo como uno de los peores momentos de mi vida. Yo casi no tenía familia de sangre en Cuba, unos tíos y poco más. Mis amistades eran casi todo lo que tenía; mi hermano vivía en Madrid hacia unos años y con él me iba para allá, a empezar una nueva vida dejando atrás todo lo que conocía. Yendo a un lugar que solo había visto en fotos o en alguna que otra película. El cambio fue brutal. Creo que cada uno lo vive a su manera, pero a todos nos impacta muchísimo. Y fue así como comencé una nueva vida fuera de mi país.

Cuando casi cumplía un año afuera hice mi primer viaje de vuelta. Estaba contando los días para poder ver de nuevo todo lo que hacía un año había dejado. Ver a mis amigos, contarles todo lo que había vivido, irnos de fiesta… Recuerdo que unos días antes de ir mi hermano me dijo: No te vayas a estresar cuando vayas a Cuba. Es tu viaje, no te fijes en las cosas malas, haz lo que te apetezca hacer. Y así volví al lugar donde había vivido veinticinco años de mi vida. Fue como si nada hubiera cambiado, todo estaba exactamente igual. Estuve veintidós días y no puedo describir la dicha de estar con la gente a la que tanto quiero, la gente que llevaba un año extrañando y deseando poder contarle todas las experiencias que había vivido en Madrid. Los días se fueron volando y la verdad es que cuando llegó la hora de volver no quería hacerlo.

Seis meses más tarde decidí volver. Me había quedado con aquel buen gusto del viaje anterior y quería repetir, así que aproveché unos días festivos y volví a La Habana; regresé por poco tiempo esta vez. En este segundo viaje volví a pasarla muy bien, hice todas las cosas por las cuales había vuelto. Estaba todo el tiempo con mis amigos, salíamos de fiesta, hablábamos un montón, todo seguía exactamente igual. El barrio igual, los vecinos igual. Creo que la mayor diferencia era que se había ido más gente, pero en general todo estaba idéntico.

Un año después de mi segundo viaje volví. Creo que más que nada en busca de la añoranza, de los recuerdos, tratando de encontrar todas las cosas que no tenía en Madrid. En ese tercer viaje me sentí un poco diferente. A pesar de que todo estaba como yo lo había dejado, algo había cambiado. En un principio no sabía explicar qué era, pues aparentemente todo estaba como la última vez. Estuve casi un mes entero y cuando me monté en el avión, de regreso, me di cuenta que lo que había cambiado no era Cuba, no era La Habana, había cambiado yo. Ya no era el mismo. Me sentí otro, era otro. Fue una sensación muy rara que se me hace difícil de explicar. Recuerdo que lo hablé con mi hermano y él me dijo: Es que no puedes vivir en dos sitios a la vez, hay mucha gente que lo intenta y al final no vive en ninguno.

Creo que por motivos económicos no volví a ir a Cuba en un largo tiempo. Seguía en contacto con los amigos que quedaban, que eran el principal motivo por el cual regresaba siempre, pero esta vez tardé casi cinco años en volver. Cuando lo hice, casi no me reconocía. Nada más llegar a mi barrio me sentía un extraño, caminaba por las calles y ya no veía las mismas caras, solo me quedaban en ese momento, en mi cuarto viaje de regreso, tres amigos y uno de ellos estaba a punto de marcharse a Panamá. Lo paradójico es que en general todo seguía igual; las personas, la ciudad, era como si el lugar al que volvía hubiera estado en una burbuja. ¿Era posible que en 8 años no hubiera pasado nada? Este viaje me reafirmaba que algo en mí, sin apenas darme cuenta había cambiado. Cuando estaba en compañía de mis amigos todo estaba bien, pero en el momento en que me quedaba solo en la casa, en lo único que pensaba era en volver a Madrid. Todavía me pregunto si aquella reacción mía se debía al tiempo que estuve sin ir a Cuba, pero en verdad era una sensación de frustración. Un día hablando con uno de mis amigos me dijo: ¿No lo estás pasando bien verdad? A pesar de mi esfuerzo por tratar de disimularlo se había dado cuenta de que ya no estaba cómodo. Después me volvió a decir:  Me imagino que no vas a volver en un largo tiempo. Y para mi pesar así era, así me sentía, el viaje no había terminado y ya estaba pensado que iba a pasar muchísimo tiempo antes de que yo volviera.

Uno de los tantos días en que nos reuníamos para hacer algo, recuerdo la fecha exacta: 27 de junio; mis amigos y yo habíamos comprado comida y algo de bebida y nos habíamos metido en la piscina a hacer cuentos, en fin, a pasar un rato agradable. Había unas cuantas personas además de nosotros. Entre ellos estaba una muchacha que yo no conocía de nada. Pero hubo varias cosas que me llamaron la atención cuando la vi. Siempre se estaba riendo, tenía una sonrisa preciosa y unos ojos verdes que resaltaban muchísimo. No sé, me parecía extremadamente atractiva. Tenía además un nombre muy poco común que no logré aprenderme, sin embargo, todos la llamaban por un diminutivo y fue con lo que me quedé.

En el transcurso del día traté de llamar su atención sin mucha suerte. Mi mejor intento fue en un momento que ella hizo el comentario de que tenía hambre, llevábamos bastante rato en el agua y ya nos habíamos comido todo lo que habíamos comprado para almorzar. Salí de la piscina, entré en la casa como cosa mía, preparé unos panes para ver si lograba sorprenderla, y así lo hice. Regresé y le brindé de los panes. Ella estaba en el agua con las gafas puestas, me miró y se sonrió con esa sonrisa que tanto me había llamado la atención. Poco más pasó ese día. Recuerdo bien que lo más importante fue que en unos días cumpliría años y que nos invitaba a todos a su fiesta. Al día siguiente la volví a ver,aunque solo un momento. Había pasado la noche en la casa de mi amigo, ahí supe que vivía lejos, que había dormido cerca de mí sin yo saberlo, que había estudiado en la misma Facultad que mi mejor amigo y que era una de las mejores amigas de la novia de este. Más o menos esa fue la información que logré reunir.

Las semanas que me quedaban pasaron sin mucha más novedad. Yo seguía sintiéndome un extraño y tenía tantas ganas de que se terminara el viaje para  volver a Madrid. Pero dos días antes de irme mi mejor amigo me invitó a un bar, uno que quedaba muy cerca del malecón, porque era el cumpleaños de aquella muchacha de la piscina. Y así lo hicimos, allí fuimos a parar mi amigo, su novia y yo. La verdad es que el lugar me sorprendió, yo estaba al tanto de lo que pasaba en la ciudad, de la apertura de nuevos lugares, pero nunca me hubiera imaginado ese ambiente. El bar estaba en la azotea de un edificio justo al costado de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos. Prácticamente se podía ver toda la ciudad y se veía tan linda de noche.  Llegamos y ahí estaba ella, llevaba puesto un vestido azul, los labios de rojo y el pelo casi todo suelto. Es que realmente me encantaba esa sonrisa, el cómo hablaba, la naturalidad con que lo hacía todo. Y nuevamente me dispuse a llamar su atención. Allí había personas que yo no conocía, amistades de la facultad y amigos de ella. Me resultaba complicado buscar una forma para acercármele a hablar. Pero hubo un momento en el que ella se paró y se acercó a la baranda, aproveché antes de que alguien la llamara y me puse a su lado, me miró y me sonrió.Conversamos un rato y la verdad es que yo no sabía bien lo que me pasaba, pero con cada cosa que hablábamos yo quería saber más. Quería saberlo todo de ella. Al rato después dieron las doce de la noche y la sorprendieron sus amigos con una tarta de cumpleaños; recuerdo que pusieron música de Feliz cumpleaños mientras traían la tarta y ella no paraba de reír y de bailar y yo no podía hacer otra cosa que mirarla y preguntarme: ¿De dónde has salido tú? ¿Dónde has estado todo este tiempo?

Dos días después volví a Madrid y por supuesto, no lo supe en ese momento, pero lo que había comenzado como un viaje de desilusión y confusión, terminó siendo el viaje más importante de mi vida. No era yo, no era Cuba, no era La Habana, no eran los 25 años que había vivido en una isla que llevo dentro, pero en mi cuarto viaje a mi país fue donde encontré a la persona más maravillosa que he conocido. Aquella muchacha de la piscina, de la cual terminé enamorándome, la mujer con la que he decidido compartir mi vida, aun en la distancia, la muchacha esa que celebró su cumpleaños en un bar en La Habana de noche, la misma que hoy, tiempo después comparte conmigo la ciudad sin mar.


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