Historias al azar: Helena, una niña que sueña

#by karla.m.

¿Qué es un sueño? ¿Por qué sueño? Fueron las preguntas 37 y 38 que hizo Helena a su mamá, según su cuenta y aun no pasaba del mediodía. Helena es una niña de cuatro años. Está en la edad de preguntar, dicen sus tíos y abuelos. Pero es que Helena hace preguntas que en ocasiones llevan respuestas formuladas, bien pensadas, nunca contestaciones al azar.

‒ Sueñas porque eres muy inquieta Helena. Quédate tranquila, juega con la muñeca.

Y Helena respondió que la muñeca estaba triste, que no podía jugar con ella.

‒ Mamá, Pinka está triste, quiere saber por qué sueño. Por favor mamá, ¿Qué es un sueño? ¿Por qué sueño?

La madre de Helena respiró profundo y soltó la bandeja que llevaba en las manos, se recostó a la pared de la cocina y se dejó caer al suelo, lentamente. Tapó su cara con las manos y se quedó allí, medio angustiada. Despacito, como para no hace ruido alguno, Helena se acercó, tomó las manos de su madre y las retiró de su cara.

‒ Mamá, no te molestes con Pinka, solo está triste, solo quiere saber ¿Qué es un sueño? ¿Por qué sueño?

‒  Helena ‒ dijo su madre suspirando.

‒ Los sueños son regalos de la imaginación, son pequeñas nubes que se van formando, de diferentes colores, y que cuando despiertas desaparecen en el aire, como el globo amarillo que soltamos el domingo en el parque, así son los sueños, rápidos y fugaces. Y sueñas porque eres una niña muy inquieta y siempre estás investigando. Por eso cuando duermes, cuando cierras tus ojos, se despierta un motor que tienes dentro de ti que se llama subconsciente, es él quien sigue con esas imaginaciones tuyas.

‒ Ah, ya entiendo mamá, ya entiendo por qué me duermo abrazada a Pinka y cuando despierto está debajo de la cama.

‒ Pues así es Helena, tus sueños son inquietos como tú. Y sueñas porque quieres hacer las cosas que escuchas, quieres vivir los cuentos que te leo antes de dormir. Tus ideas cobran vida como si fueran juguetes de cuerda cuando tú duermes mi niña.

‒ A ver, cuéntame qué has soñado.

‒ Pues he soñado con una muchacha rubia, de ojos verdes. Una muchacha que está triste. Sueño que construyo un avión de papel, que yo lo manejo por el cielo mamá, porque quiero rescatar a la muchacha triste.

‒ ¿Conozco a tu muchacha triste Helena?

‒ No sé mamá, ¿tú la has visto en mis sueños?

La madre sonríe.

‒ Helena, yo no puedo ver lo que sueñas, no puedo conocer a la muchacha triste de tus sueños, porque son tuyos y de nadie más. Tú eres la dueña de tus sueños.

‒ ¿Aunque yo sea una niña?

‒ Sí, especialmente porque eres una niña. Ahora, ¿me dejas seguir con lo que estaba haciendo?

‒ Sí mamá, respondió Helena y se abrazó a la muñeca, mientras le susurraba:

‒ Pinka, no estés triste, soy la dueña de mis sueños.


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