El poder hilvanado en patrones de virtud*

#by claudia taboada churchman


(Parte de la frase martiana: Para el poder (…) es mal camino la virtud)

I. Patrón de hielo

Comenzó sintiendo… Y desde entonces no ha renunciado al gesto.

Partió desde su propia contención corporal para narrar desde ahí sus preocupaciones sobre las circunstancias límites: las relaciones de poder, las jerarquías, las normas cívico-sociales, la dualidad del ser y su apariencia, el valor de la libertad y sus niveles de expresión. Cargó a cuestas con el silencio que una vez despertó un grito y con el extrañamiento de un ego remarcado de vacuidad.

Lorena Gutiérrez Camejo (La Habana, 1987) comenzó su carrera artística sintiendo… ha asumido la vivencia en su discurso, la ha re-presentado y parodiado. Para romper las reglas, primero ha lidiado con ellas. Es por eso que su experiencia estética no emula con respecto a la cotidiana. El objeto de arte enclaustrado en el white cube tiene tanto valor en su obra como aquel ordinario circunscrito a cualquier retiro común. Lo que aparentemente es inocuo se vuelve trascendental para su trabajo pues en ambos contextos son medios necesarios para obtener un fin.

En sus primeros estudios de arte, en la Academia de San Alejandro (2004-2007), se registra un número importante de acciones urbanas que tratan el concepto del arte como experiencia o art as  experience (John Dewey), donde la auténtica experiencia estética se comprueba en un arte integrado a la vida. En 2005, Lorena construyó a su justa medida un híbrido compuesto por un andador con acabado de jaula con el que caminó por las aceras habaneras. El andador, destinado normalmente para controlar la estabilidad del infante al caminar y ofrecer mayor garantía a los padres en la dirección de sus pasos, se convertía en un recurso metonímico para abordar fundamentalmente el tema de los estados paternalistas y la imposibilidad del individuo de desamarrarse de la coacción travestida de sobreprotección. Las acciones públicas de Lorena se han caracterizado por la encarnación de roles, la alteración de su habitual descripción y su integración al contexto urbano. De esta manera, elige un día precioso para gritar (Hace un día precioso: solo grite, 2006), porque el equilibrio taoísta reclama la contraparte de la calma: quizás el disturbio sonoro, como amplificador de pensamientos que son mutilados en su intento por traducirse en palabra. Insisto, la artista recurre al gesto porque es la manera más cercana de entender la pasividad como conducta inherente al sujeto colectivo de una sociedad como la nuestra, poco asertiva y demasiado conformista.

En estas primeras obras, de acciones públicas, comienzan a ser notables determinados elementos que luego reaparecerán en otras de sus piezas, bien aludiendo a sentidos diferentes o reciclándose a sí mismos en un acto antropofágico de reafirmación del signo, como síntoma de un discurso sostenido y no agotado por la sed del referente. Las luces y aquellos cuerpos reflectantes son de los recursos más explorados por Lorena. Desde su acción pública Soy artista (2006), en la que porta un chaleco lumínico esclareciendo su profesión, nos hace cuestionarnos sobre la propia concepción del poder, su exégesis y la actitud de quienes lo ejercen. Parte de un análisis de la condición privilegiada del artista a nivel social, quien muchas veces se escuda en el histórico papel de su legado para expresarse libremente con las trampas del lenguaje o para proteger su propia inseguridad como creador ante un entorno donde la visibilidad es vital.

Con Alas (2005) sucedió algo diferente. La acción no fue realizada por la autora. Un bloque de hielo esculpido en forma de alas fue expuesto al Sol y solo fue cuestión de tiempo para que se redujera a líquido. Francis Alÿs hizo algo similar en sus llamados Ensayos (1999-2004) cuando arrastró un bloque de hielo hasta su desgaste y aun con su presencia, no realizó la acción, se preveía el destino del objeto al igual que en la obra de Lorena. Entonces… ¿Las alas de Ícaro? Hielo por cera. O la condena del Sol. El gesto estuvo en hilvanar poéticamente el concepto de la libertad con unas alas que la proscriben y la hacen efímera, como si solo pudiesen ser libres con su desaparición.

Pronto, sus operatorias pasaron de la acción a la interacción, propiciando la participación del público. En 2010, cursando su tercer año del Instituto Superior de Arte (2007-2012), realizó un enviroment en el que incitaba al público a subir por una escalera de 16 pasos totalmente a oscuras. Desde el primer escalón podía percibirse un olor fétido muy fuerte que solo podía ser mejorado en su ascenso hasta llegar a la cima y respirar una esencia de ámbar, considerada por los expertos como la más sublime. De igual manera ocurre con la escala de posiciones clasistas: no son gratas las recompensas de quienes están abajo en la pirámide (invertida).

En ese mismo año, por el proyecto Estado en siete colores le fue concedida la Beca de Creación que otorgara Factoría Habana, centro para la experimentación del arte cubano contemporáneo. La propuesta solo requería de agua, un sistema de micro aspersión, uno de recirculación de agua y una fuente de luz para provocar lo que por naturaleza propia las gotas de lluvia y los rayos de Sol producen: el arcoíris. Este fenómeno ante todo es óptico, por tanto, simplemente ilusorio. Otra vez la luz y sin obviar la escuela del danés Olafur Eliasson, Lorena incorpora una reflexión sobre la apariencia del engaño. El público pudo vivir la experiencia de un fenómeno que pasó de ser un incidente atmosférico a uno provocado, ahora más cerca de apreciarlo pero igual de imposible el asir su imagen. Los estados de gobiernos funcionan de forma semejante, en circunstancias específicas su discurso se disfraza de bondad y crea este efecto ilusorio en las masas. Este tipo de pieza sensorial no admite interpretaciones unívocas, cada receptor puede ser capaz de tener una lectura diferente según su horizonte cultural o imaginario. A partir de esta pieza, sin arribar desmesuradamente a categorizaciones en su obra, Lorena comienza a trabajar más las estructuras lingüísticas sobre el estilo de escuelas como las del artista estadounidense Robert Barry, quien asumía lo títulos de sus piezas como puntos de partida de una obra que incluye también el conjunto de la actividad mental de los receptores, ocasionando procesos espirituales.

II. Patrón de cobre

Entonces, continuó asumiendo el gesto, ahora devuelto en forma, objeto, instalación y site specific, con la belleza como factor común. Entendió que la mayoría de sus preocupaciones terminaban siendo canalizadas mediante el camuflaje como principal estrategia de la imagen del poder, que encontró asidero en el recurso de la luz, el fashion style y el color ordenado en formas abstractas.

Ahora las alas (Alas II, 2005) visten de cobre las ansias de la libertad, pero siguen siendo inútiles para emprender el vuelo. Estas frustraciones se advierten solo cuando apartamos el caleidoscopio, que intrínsecamente lleva en su denominación el kalóséidoso la imagen bella, y despertamos de la hipnosis para leer la crítica que subyace entre las líneas de la seducción.

Gutiérrez Camejo, como la mayoría de los creadores, concibe obras autorreferenciales en algún momento de su carrera, con citas expresas o sugeridas, lo cual es una forma de autorreconocimiento válida en la que se identifica con determinados fenómenos, ya sea por experiencia propia o empatía. Casi toda su obra es atravesada por la vivencia personal que trasciende hacia la memoria colectiva. Michel Foucault y otros pensadores concuerdan con que la comprensión de uno mismo comienza cuando se entra en contacto con el yo interior, con los otros y con el mundo(1); y así lo lleva a cabo la autora en varias de sus fotografías y pinturas, donde transita del regodeo en “las formas bellas” atrapadas en el espejo hacia composiciones con mayor fuerza simbólica, en las que recurre la cita de la oveja, clara alusión a la conducta dócil y sumisa del hombre y de los pueblos domesticados.

Hizo de la luz el alegato perfecto contra la oscura vejación de la inocencia para apelar al esclarecimiento de los hechos o al ocultamiento de estos. Utilizó el neón a la usanza de los conceptualistas como Bruce Nauman y Joseph Kosuth, quienes establecían que todo arte funciona en analogía con un cierto tipo de proposición lingüística (2), en la que la imagen y el texto quedan en igualdad de condiciones o se complementan. Lorena empleó el neón tachando palabras como clases y sobrescribiendo hombre, como la única distinción que debiera existir, dígase hombre y ya se dicen todos los derechos (J.M.).También expuso VIAIPI (2011), escrita tal cual la pronunciación de sus siglas en inglés (VIP, Very Important Person), para llamar la atención de otro tipo de estrato social que se genera por los llamados estamentos, definidos por un estilo de vida común o análoga función social. La instalación ocupó la Galería Servando Cabrera Moreno y las personas asistentes formaron parte de ese espacio ficticio de exclusividad que instaba la reflexión sobre el status real de ellos como individuos y de ese concepto adoptado en nuestra sociedad.

El neón también ha sido utilizado por la artista como imagen en la construcción de utensilios y elementos asociados al poder. En la muestra colectiva Light es Luz que organizara Cristina Vives en 2014, en la Embajada de Noruega y el Estudio Figueroa-Vives, el material fue asumido teniendo en cuenta sus propiedades físicas en función de enriquecer el concepto; el neón como una de las luces con más potencia pero considerablemente frágil en su estructura. Bajo la sentencia propuesta como rótulo, Solo el consenso del pueblo hace subsistir al reino, tomado de un emblema europeo del siglo XVII, se esbozó con neón la fachada intacta de una fortaleza y un cetro roto, y en el interior de este inmueble se hallaba también un video que describía la caída constante de pepitas de oro. Indiscutible alusión a la política de manual: estandarte virtual y desmoronamiento real.

En 2012, como parte del ejercicio de obtención del Diploma de Grado del ISA, Lorena realizó Condenado, un site specific en una de las bóvedas de la Fortaleza Morro-Cabaña, concebida antiguamente como celda. Cubrió el interior con vinil holográfico y justo al centro hizo pender una jaula –sin andador- hecha toda de neón. No se podía menos que entrar en condición de reo por la propia connotación histórica del lugar. Pero ante tanta belleza inconmensurable, la condena se diluía. El encanto iridiscente de la luz cegaba la razón y el espacio parecía extenderse en infinitas refracciones, perdiéndose a ratos su verdadero sentido. La condena, en cierto modo, es un estado de privación de libertad en donde el tiempo acotado se multiplica y las percepciones se alteran.

La moda le ha servido también para narrar el enmascaramiento del delito y la dominación. El estilo de las prendas que portemos inevitablemente comunica status social, además de devenir antifaz para imperfecciones o inconformismos humanos que finalmente ocultan inseguridades y miedos. En 2015, la artista convirtió el espacio galerístico en un salón que “lanzaba”, a partir de una campaña publicitaria, accesorios bajo un concepto fashion. De repente, el llamado delito del white-collar worker fue subvertido al tiempo que era solapado por la manipulación que instaba su uso. Upperworld funcionó como un environment. Combinaba en cierto modo la acción. Las personas podían encargarse su cuello blanco a través de un sitio web y así se garantizaba la reserva a la medida del cliente. En febrero del presente año, tuvo lugar en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, El Club de los Intocables, muestra donde retomó el tema de la moda cuestionando, esta vez, el poder militar y gubernamental. Decenas de soldaditos de plomo fueron intervenidos pictóricamente con los diseños de la marca francesa Chanel, dirigida por Karl Lagerfeld, y se situaron sobre la pasarela que advertía la forma de la planta del Capitolio, como representación del poder político. La referencia a los “intocables” de Eliot Nesso a los Cordeliers, clubes que pretendieron su honor y sucumbieron ante la corrupción, ponía en tela de juicio a quienes hoy día proyectan una ideología “correcta” por un lado pero por el otro la sepultan con acciones que la niegan.

Lorena ha elegido un tercer patrón de belleza para enunciar su discurso, uno tan coherente con sus preceptos ideoestéticos que, formalmente, logra apresar al color entre sus rígidas formas. Se trata de la abstracción, generalmente la geométrica, pero no a la maniera de Malevich o Mondrian, ni de nuestros abstractos concretos, aunque la visualidad sugiera por momentos a alguno de ellos; son formas contenedoras de información, de códigos sobre referentes reales. Es por ello que en algunos de sus dibujos-collages, como en Swarovskies are not rainbows (2011), las formas perfectamente delineadas no son mero capricho greenbergiano, responden a la cita de la marca Swarovski de productos de lujo fabricados con cristal tallado y gran cantidad de gamas para esculturas, joyería, diamante, alta costura, etc. Desde el título se retoma el elemento del arcoíris, como contraparte intangible. Ambos encarnan la belleza y seducen, tal y como operan los gobiernos, solo que algunos prefieren palpar los cristales y otros se complacen con los espejismos. Otra de las variantes abstracto-conceptuales empleada fue el diagrama que hiciera para el 6to Salón de Arte Cubano Contemporáneo en 2014 con la pieza El estado de necesidad, la cual se basaba en un artículo del código penal cubano. Resultó una instalación de vinilos de colores sobre varias paredes de la Fototeca, que graficaba la complejidad de los sistemas de comunicación de las distintas instituciones que intervienen dentro del margen social cubano como emisores de información, algo que debe fluir sin esquematismos y de manera “figurativa”, no abstracta.

No ceja, es una artista que incide en temas que quizás otros pensarían dos veces antes de abordarlo. Lo siente, se involucra, investiga tal si fuese detective… y luego lo traduce en elementos y experiencias de belleza extrema. Desde hace un año se encuentra preparando el proyecto Donde están los héroes, que tendrá lugar en la galería La Acacia el 30 de septiembre del presente año. Una selección de decenas de condecoraciones militares de Cuba, los Estados Unidos y otros países durante sus guerras de liberación nacional será representada en grandes paneles compuestos por pequeños lienzos simulando las distinciones que portan los militares en sus trajes, así como la instalación de urnas con algunas de las medallas originales que han sido sintetizadas en las telas. El statu quo, la ausencia. Los héroes quedan reducidos a rayas de colores a lo Gerhard Richter, tan abstracto como premiar el esfuerzo, el valor, la valentía y que después funcionen como la memoria de los héroes. Pero, ¿quiénes son realmente los héroes? Acaso, ¿todo lo condecorado es “bueno” o todo lo “bueno” es realmente condecorado? ¿Quién lo decide?

Sus alegatos se sustentan en las peripecias de la imagen y su afán por crear patrones estéticos parecidos a los comportamientos políticos. Sus acusaciones al poder proceden siempre: talladas en hielo o en cobre, efímeras e inaprensibles como el arcoíris, dibujadas con neones o reflectantes, vestidas con el glamour del último grito en la moda o convertidas en formas aparentemente abstractas. Su poética se rige por un sistema orgánico de referentes que se retoman sin alterar demasiado el carácter dialógico de sus propuestas. A veces pareciera como si lo hubiese pensado todo desde aquel primer gesto, porque continúa sintiendo… antes de crear.


* Texto publicado originalmente en:Artecubano Magazine. Lorena Gutiérrez. El poder hilvanado en patrones de virtud (Power basted in models of virtue). 4/2016. 2016.

(1) Foucault, Michel. Hermenéutica del sujeto. [Ed. y Trad. Fernando Álvarez Uría]. La Piqueta, Madrid, 1987, pp. 35-36.

(2) Osborne, Peter. Arte conceptual. Phaidon, New York, 2004, p. 112.


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